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viernes, 10 de noviembre de 2017

12 DE NOVIEMBRE ASESINAN AL “CHACHO” PEÑALOZA

El triunfo de las fuerzas mitristas en Pavón, en 1861, había puesto fin a la Confederación Argentina y había iniciado un proceso de reorganización nacional bajo la preeminencia de Buenos Aires, hasta entonces separada del resto de las provincias. Así, el proyecto federalista parecía acabado, derrotado por el proyecto liberal unitario.
El asesinato del "Chacho" Peñaloza, por Ricardo Vera, el capitán que lo hizo prisionero

Sin embargo, en 1862, el levantamiento del caudillo riojano Ángel Vicente “Chacho” Peñaloza puso en cuestión al centralismo porteño. Nacido en época del virreinato, en 1798, en los llanos del sur riojano, recibió educación de parte de un tío sacerdote y pronto se integró a las filas de Juan Facundo Quiroga, alcanzando el grado de general en Cuyo, región en cuyos destinos influyó notablemente, por ejemplo, interviniendo la provincia de San Juan en nombre de la Confederación Argentina.

Tras Pavón, en 1862, Peñaloza inició la resistencia con un ejército numeroso. Pero sin el apoyo de Urquiza, el líder cuyano fue, derrota tras derrota, obligado a replegarse. Su última irrupción fue el intento de tomar la provincia de San Juan, pero fue vencido en la entrada de la capital y perseguido hasta Los Llanos. Visiblemente agotado, fue capturado y, una vez que entregó sus armas, fue asesinado brutalmente. Era el 12 de noviembre de 1863. Su cabeza fue exhibida sobre una pica en la plaza de Olta, en medio de los llanos riojanos.

El “Chacho” fue capturado en su residencia de Olta por el entonces capitán Ricardo Vera, primo político de Peñaloza, quien recibió del líder federal su daga en señal de rendición; pero no contaba Peñaloza que, detrás de Vera, vendría el mayor Pablo Irrazábal, bajo mando del coronel José Miguel Arredondo, y cobardemente lo asesinaría con una lanza, ya desarmado, ultimándolo luego con disparos de carabina.

Durante años, cayó sobre Vera la acusación de traición, lo que lo motivó a publicar un folleto donde se defendía, narrando lo ocurrido en aquel episodio “tan deplorable como sangriento”. Aquí reproducimos la carta de Vera, deslindándose del cobarde asesinato, pero no del “orgullo de haberlo tomado prisionero”.

Fuente: Ernesto Fitte, La muerte del general Peñaloza, Buenos Aires, 1974, págs. 8-10.

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