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Este blog ha sido creado con el objeto de brindar información de interés cultural y agenda de las actividades programadas por esta Dirección.

jueves, 30 de junio de 2016

EFEMÉRIDES RIOJANAS DEL 30 DE JUNIO

1869 - Entre las cuestiones curiosas que podemos apuntar está el decreto de este día por el cual –y a pedido del Inspector de Agricultura– el gobierno nombra gendarmes al servicio de la Agricultura a Crisóstomo Galván y Francisco Tello dándoles un sueldo de 7 y medio pesos mensuales a cada uno y más 10 pesos para la compra de la vestimenta. En realidad no se logra saber cual era la misión que debían cumplir estos gendarmes de la Agricultura como si las plantas y verduras necesitaran de voces de mando u ordenamientos militares. O bien, podemos suponer, todo no pasaba de ser sino un recurso más de la naciente burocracia riojana encaminada a encontrar nuevas excusas y motivaciones para producir nombramientos de empleados públicos.

EFEMÉRIDES DEL 30 DE JUNIO

1778 - Nace en Buenos Aires Juan José Cristóbal de Anchorena. Miembro de una de las familias más antiguas de la ciudad, que habían prosperado en el ámbito del comercio. Estudió en España formándose en ciencia comercial. Colaboró más tarde con su padre en Potosí, Bolivia, y regresó a España. En 1810, de regreso en el Río de la Plata, se dedicó al manejo de la empresa de su padre y ocupó varios cargos públicos. Fue alcalde del Cabildo, vocal del Tribunal de Concordia y de la Junta de Observación. Partidario del partido Federal, contribuyó al derrocamiento de Bernardino Rivadavia, fue luego consejero del coronel Manuel Dorrego. Gran promotor del comercio, de la industria y de la agricultura, murió en Buenos Aires el 20 de diciembre de 1831.
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1809 - Llega a Buenos Aires Baltasar Hidalgo de Cisneros, último virrey del Río de la Plata.
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1820 - El Cabildo de Buenos Aires reasume el mando tras la renuncia del general Estanislao Soler.
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1820 - El general español Ramírez Orozco debió retirarse de Jujuy, tras haberse apoderado de Salta y de Jujuy, y se dirigió a Tupiza, en el Alto Perú.
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1827 - El Congreso Nacional acepta la renuncia del presidente Bernardino Rivadavia, presentada el 27 del mismo mes.
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1903 - Nace en 9 de Julio (San Roque-Corrientes), Emilio Chamorro, guitarrista, cantor, autor, compositor. Su conjunto Los Hijos de Corrientes fue escuela chamamecera. Compuso “El campiriño”, “El rezongo” (con Angel Guardia) y “Poncho blanco” (con Cocomarola), etc. Muere a los 63 años.
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1907 - Se inaugura la Escuela Nacional número 28, en la ciudad de Vicuña Mackenna, provincia de Córdoba.

1919 - Nace en Santiago del Estero, Manuel Pedro Gómez Carrillo, cantor, poeta, músico, abogado. Hijo del maestro Manuel Gómez Carrillo. En 1942 funda el Cuarteto Vocal Gómez Carrillo que integró por más de 20 años con sus hermanos Carmen, Julio y Jorge. Muere a los 73 años.

1969 - El sindicalista argentino Augusto Vandor es asesinado en la sede de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica).

1974 - Isabel Martínez de Perón se hace cargo de la presidencia Argentina.
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martes, 28 de junio de 2016

ARTURO ILLIA EJEMPLO DE HONESTIDAD

Hace 50 años derrocaron no solo a un Presidente de la Nación, sino a un ejemplo de honestidad, hidalguía y compromiso ciudadano. Hace 50 años, un día como hoy, era derrocado el Dr. Arturo Illia.
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Ese Golpe significó herir a la democracia y, también, a los valores que Illia transmitía, su ejemplo. Es indispensable destacar la figura del presidente Illia e iluminarnos con su idoneidad, tan vapuleada en su época.

El derrocamiento de Arturo Illia, 28 de junio de 1966

Hacia junio de 1966, el comodoro retirado Juan José Güiraldes, director de la revista Confirmado y sobrino de Ricardo Güiraldes, decía: “Si para salvar…la constitución, un nuevo gobierno debe negarla de inmediato, habrá que optar”. Era la confirmación de que el golpe estaba en marcha, tanto que finalizaba su nota advirtiendo: “…creo que sólo un milagro salva a este gobierno”.

Sólo tres años atrás, el 7 de julio de 1963, Arturo Illia había sido electo presidente de la Nación. El contexto de debilidad del sistema institucional quedaba al descubierto con la humorada popular, que se jactaba de que el país contaba con tres presidentes: Illia, electo; Guido, interino; y Frondizi (depuesto en 1962), el constitucional. Las elecciones de 1963 marcaban también la debilidad del sistema partidario: una atomización de fuerzas había dado apenas un 25% de los votos para la fórmula ganadora.

El gobierno de Illia, “custodiado” por las Fuerzas Armadas, tuvo un rumbo errático, imposibilitado –por su debilidad intrínseca (una escasa cantidad de votos y una negativa  a conformar alianzas)- de consolidar siquiera aquellas medidas que congeniaban con el anhelo popular, como la anulación de los contratos petroleros, la ley de medicamentos y cierta inicial reactivación económica.

Un contexto político y social en creciente ebullición caracterizado por el fenomenal Plan de Lucha de la CGT, la aparición de la guerrilla guevarista en Salta, el crecimiento electoral de las fuerzas peronistas en 1965 y su posible triunfo en 1967 y el enojo de militares con una política exterior que, por caso, los subordinaba a la comandancia brasilera en la intervención de Santo Domingo, contribuyó a crear un clima adverso para el gobierno y alimentaba las imágenes públicas que identificaban la gestión de Illia con la lentitud, la inoperancia y el anacronismo.

Así, cuando a partir de un primer año positivo, la situación económica comenzó a desbarrancar y se presentaron hacia 1966 los signos de una franca recesión, las críticas comenzaron a arreciar y -salvo algunos sectores radicales, otros pequeños partidos y buena parte de los medios universitarios-, una mayoría popular y la casi totalidad de las organizaciones sociales creían necesario un golpe. Un nuevo derrocamiento del maltrecho orden constitucional estaba cantado, pero aun así, Illia estaba convencido de que aquello no era factible. La voluntad intentaba sobreponerse a la cruda realidad.

El 28 de junio de 1966, el gobierno de Illia cayó –según se ha dicho- como una fruta madura. El general Julio Alsogaray, de grandes contactos con la diplomacia norteamericana, desalojó personalmente al presidente de la Casa Rosada, tras un tenso careo en los despachos. Apenas alguna manifestación en Córdoba intentó detener lo inminente. Illia no era el hombre fuerte que buscaban los sectores del poder, alguien que pudiera encarar una profunda transformación. Detrás suyo había emergido el general Juan Carlos Onganía.