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viernes, 23 de marzo de 2018

DIA NACIONAL DE LA MEMORIA POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA

El 24 de marzo de 1976 comenzaba en Argentina una de las épocas más oscuras de nuestra historia. En la madrugada de ese día, superiores de las Fuerzas Armadas tomaron el poder a través de un golpe de Estado y derrocaron al entonces gobierno constitucional de Isabel Perón; de esta forma, comenzó una dictadura cívico-militar que duraría hasta 1983. Entre los años en que duró esta dictadura, más de 30 mil personas fueron desaparecidas, se perpetraron un centenar de secuestros, privaciones ilegítimas de libertad, torturas en centros clandestinos de detención, apropiación de recién nacidos y exilios forzados de miles de argentinos.

Pasadas las tres de la mañana de la madrugada del 24 de marzo de 1976, la voz del teniente general Jorge Rafael Videla irrumpió por cadena nacional. A esas horas, y acompañado por el almirante Eduardo Massera y el brigadier general Orlando Agosti, Videla pronunció las primeras medidas que comenzaban a regir a partir de ese entonces. Entre éstas, se disponía la caducidad de los mandatos de presidente de la Nación, de gobernadores y vicegobernadores, diputados, intendentes, etc. Este golpe de Estado fue presentado —se autodenominó— Proceso de Reorganización Nacional, con un programa de tres etapas fundamentales: orden institucional, revalorización de la autoridad y consolidación del proceso.

Los años que transcurrieron bajo la dictadura de las Fuerzas Armadas estuvieron signados por una constante violación de los derechos humanos, crímenes de lesa humanidad y un terrorismo de Estado que funcionó para el gobierno militar de facto como médula y ánimo social del Estado argentino. Esta modalidad de gobierno de facto y su respectivo modus operandi, a su vez formaban parte de un plan mayor conocido como Plan Cóndor, el cual ya operaba en toda Latinoamérica y funcionaba como coordinación entre las distintas dictaduras que en esos años se habían instaurado en otros países del Cono Sur, entre ellos Chile, Paraguay, Uruguay y Brasil.

El Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia es una fecha en la que se conmemora y busca mantener vivos en la reflexión y memoria social los tristes acontecimientos producidos en la última dictadura militar. No con el objetivo de depositar una visión estática sobre aquella etapa tan oscura, no con el objetivo de perpetuar un ánimo social irreparable, no con la intención de vivir con la mirada puesta en el pasado… Pero sí con el objetivo de tener presente los errores cometidos y las consecuencias terribles que de ellos pueden desprenderse, sí con el objetivo de una consciente muestra de respeto por las familias víctimas de la desaparición de un hijo, una hija, una nieta o un nieto, sí con el objetivo de buscar justicia y dar luz a los acontecimientos que tuvieron lugar en aquella triste etapa de la historia argentina.

Cada uno de nosotros como habitantes de un territorio que nos cobija, necesitamos tener MEMORIA de lo que sucedió durante la década del `70, etapa en la que nuestro país se encontraba convulsionado y sumergido en una ola de terror proveniente de diversos y antagónicos frentes y hacia enemigos que enarbolaban una misma bandera; la celeste y blanca.

También, tenemos la necesidad de que se conozca y se defienda con absoluto recelo, la VERDAD de lo que sinceramente ocurrió, la verdad y solo la verdad, sobre los delitos atroces, salvajes y cobardemente cometidos, como también, las innumerables violaciones a cada uno de nuestros indelegables e imprescriptibles Derechos Humanos.

Pero la MEMORIA y la VERDAD no bastan, es importante además, que se descubra a quienes fueron los responsables de semejante atropello, los responsables de tantas lágrimas, de tantas heridas, de tantas ausencias y de tanta miseria, con un claro y único objetivo: alcanzar la JUSTICIA. Una Justicia que nos envuelva a todos, sin distinciones, prejuicios ni privilegios.

Únicamente así, con la Memoria, la Verdad y la Justicia como obligados estandartes de cada uno de nuestros actos y pensamientos cotidianos, podremos estar seguros de que NUNCA MÁS en nuestra querida patria, puedan repetirse hechos tan trágicos y violentos, que con sus dolorosas secuelas, nos alejen del horizonte que debemos tener como sociedad; la PAZ.

Los grandes sufrimientos son siempre aleccionadores y lo ocurrido durante la última dictadura militar deberá servir para mantenernos alertas y hacernos comprender que únicamente la DEMOCRACIA, como estilo de vida, es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que solo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de cada uno de nosotros, de nuestra posteridad y de todos las personas del mundo que quieran habitar el suelo argentino.

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